PASATIEMPOS.

En sus tiempos de estudiante en el Instituto Veracruzano, además de lecciones morales, el profesor cubano Cayetano Rivera, un intenso practicante del béisbol, transmitió a Ruiz Cortines su afición por el juego. De él, el joven Adolfo aprendió los secretos del béisbol, las estrategias de las jugadas, la unidad, la importancia de estar “en el lugar adecuado” que marca la jugada.
Durante el tiempo que fue empleado del almacén de Aragón, solía ir con un grupo de compañeros de trabajo a La Sirena, ubicado en la esquina de Aquiles Serdán y Zaragoza, un lugar donde servían el famoso café de ‘Greca´. Asistía a las tertulias de la época y después, comenzó a asistir al café La Parroquia, donde empezó aficionarse por el dominó. El pintor David Alfaro Siqueiros lo describe como “un embrión de dandy porteño” en esta etapa de su vida. Ruiz Cortines frecuentaba los prostíbulos del puerto, donde lo conocían como “El Faquir”, y bailaba danzón en el salón Villa del Mar, donde lo apodaban “El Cintura Brava”


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